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El Poder y las Pymes

Categoría: Empresarial
Autor: Félix Socorro
Fecha: Miércoles, 12 de Marzo de 2008
Páginas:
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Poder. Es una palabra que se dice fácilmente pero a la que difícilmente se le ofrece toda la connotación que posee en los momentos en que resulta más oportuno hacerlo. El poder tiene varios significados, produce diferentes emociones y es usualmente interpretado dependiendo de quien lo posea o lo experimente.

El poder es un arma de doble filo. Una carta que exige saber cómo y cuándo jugarla, una experiencia fugaz o una pesada carga. El poder puede ser todo eso y más, pero independientemente de lo que sea es una expresión ineludible de la cual es imposible zafarse.

Una escena de una película de Cantinflas resume de manera muy sencilla todas las características que se han dicho con anterioridad, en ella el personaje se muestra como un abogado al que recurre un cliente de edad avanzada luego de haber utilizado sus servicios para forzar un matrimonio con una muy joven muchacha. Al percatarse de los deseos de anular la boda por parte del cliente Cantinflas comenta: “Se casó con la joven por poder y ahora quiere divorciarse por no poder”

Aunque la situación presente en el film es hilarante, encierra una profunda reflexión acerca del poder y esta es, precisamente, que el poder no proviene de quien lo ostenta, le es dado o restado por un tercero, un ente ajeno a él. En el caso de la película el cliente obtuvo el poder por la ley, pero las expectativas de su pareja hicieron que éste se esfumara.

El poder se ejerce o se gestiona. Aunque parezcan conceptos similares en la práctica son opuestos y generan un impacto completamente distinto.

Se habla de “ejercicio del poder” cuando éste es ejecutado sin intervención alguna de terceros, de manera directa y unipersonal: Yo soy el dios y se hace mi voluntad. Yo soy el dueño y se hace lo que yo digo. En este concepto no hay peros, ni por qués, no hay cabida para la disidencia y mucho menos para el desacato, so pena de ser execrado y borrado de la faz de la tierra. Como lo practicaba Gilgamésh.

La gestión del poder hace referencia a la posibilidad de contar con ayuda, e incluso delegar el poder de decidir a quien demuestra tener el conocimiento en un campo particular, obviamente estando en completa concordancia con quien se lo otorga.

Pero fue justamente el primer concepto, “el ejercicio del poder” el que se generalizó por todo el mundo tan rápidamente y con tanta fuerza que cuando se retomó el segundo concepto pareció nuevo y arriesgado. Debido al abuso del ejercicio del poder es que generalmente se relaciona con una carga ética negativa: el poder es malo, el poder corrompe, el poder somete y por lo tanto hay que evitarlo.

Algunos estudiosos y experimentados arguyen que, teniendo en cuenta su finalidad, no es un atributo del poder el que sea justo, sino conveniente. Quien gestiona el poder piensa en el mañana, no en el hoy. Quien gestiona el poder se guía por los resultados, las consecuencias, no por el proceder ni por la aprobación. Pero el poder debe ser en todo momento equilibrado, ya que la más mínima desproporción le ilegitima y por ende, aunque en apariencia está fortalecido, su condición se hace inestable constantemente.

El poder se manifiesta primordialmente en la acción de decidir. Los datos, los indicadores y todo aquello que se obtenga como información es lo que afecta de manera directa la manera en que se rige una empresa y, por ende, los resultados que se lograrán alcanzar.

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