¿De quién es la información en línea?
| Categoría: | Internet |
| Fecha: | Martes, 30 de Noviembre de 1999 |
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A pesar de su carácter público, el contenido de la red mundial de
computadores no es propiedad de todos los navegantes. Por eso, las normas
sobre su uso deben ser respetadas. ¿Qué se puede y qué no se puede hacer con
los documentos de Internet?
Por JAIME E. DUEÑAS M., Redactor de EL TIEMPO
¿Alguna vez le ha pasado que, mientras navega por Internet, encuentra un
texto que le parece familiar? Algo que le hace pensar "yo he leído esto en
alguna parte, pero ¿dónde?".
Y no le ha pasado que, luego de hacer memoria, abre los ojos con sorpresa y
dice: "¡Pero si esto lo escribí yo!".
Lo mismo puede suceder con fotografías, archivos de audio y cortos de video
que son de su propiedad, y que por obra y gracia del comando "guardar como"
son bajados de su página en la red y publicados nuevamente en otro sitio
web, sin la debida autorización.
Esta conducta tiene su origen en la falsa idea de que el material que se
publica en Internet se puede utilizar con total libertad, por el simple
hecho de encontrarse en un espacio público. Es decir, como si uno pudiera
llevarse a la casa la banca de un parque porque está tirada junto a una
fuente.
Desafortunadamente, la red mundial de computadores es un universo tan amplio
que ejercer control sobre el material que se reproduce en ella es tan
difícil como... como encontrar la famosa banca del parque en cualquier casa
de una ciudad.
Lo que sí es posible es orientar a los usuarios de Internet con respecto a
lo que se puede y no se puede hacer con el material que se encuentra en
ella, pues no cabe duda de que en muchos casos la copia de documentos con
derechos de autor es una actividad motivada por la ignorancia de las normas,
antes que un acto de mala voluntad.
Eso sí, una vez sepa que los artículos, fotos, videos y canciones que se
publican en Internet no están allí necesariamente para que usted saque
provecho de ellos y los redistribuya, trate de que la pereza de generar
contenido propio o la disculpa de que "eso nadie se da cuenta" no sean su
aliciente para realizar estos actos.


