Calidad de vida y trabajo
| Categoría: | Laboral |
| Fecha: | Lunes, 08 de Enero de 2007 |
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Vivimos una época extremadamente materialista, en que, a menudo, todos los huevos se ponen en la canasta del Tener. En principio, ello parece bastante lógico. Si tengo mayor cantidad de bienes, mi vida es más cómoda y feliz.
Desgraciadamente, esta lógica, en apariencia tan impecable, tiene sus flaquezas. Así lo hemos podido constatar, reiteradamente, los relatores del Instituto Profesional Carlos Casanueva, en nuestro trabajo de Capacitación en Empresas, en las distintas áreas relacionadas con la Calidad de Vida.
La armonía y el equilibrio son fundamentales en todas las actividades humanas. De esta premisa, no está exento el desafío que significa llegar a una Calidad de Vida Integral. De acuerdo a nuestra experiencia, el concepto es transversal a los tres verbos claves de la existencia humana. No sólo el Tener, sino también el Hacer y el Ser. Si uno de ellos se dispara, en desmedro de los demás, se produce un desequilibrio que, lejos de generar Calidad de Vida, se traduce en tensiones, conflictos e infelicidad.
Tener bienes no merece reparos. El problema es para qué tenemos esos bienes y cuales son los riesgos que significa adquirirlos.
Es necesario que los seres humanos tengamos claridad en nuestros valores. ¿Qué queremos hacer con nuestra vida, para qué vivimos, cuál es mi felicidad y la de mi familia? No son preguntas ociosas, ni inútiles. Sin un Proyecto de Vida claro y coherente, andaremos a tumbos y los bienes materiales no significarán solución alguna para el desafío de existir.
Otro tanto ocurre con el Hacer. El trabajo no es solamente una "pega", que nos proporciona recursos para satisfacer nuestras necesidades. El trabajo nos da una dignidad, que pasa por el cumplimiento de una vocación. De lo contrario, más que un ser humano, me transformo en un "ganapan". El Padre Alberto Hurtado sostenía, en un juego de palabras sobrecogedor: "Quién no vive para servir, no sirve para vivir."
Mi compromiso con mi trabajo pasa por ahí. Dos personas pueden estar haciendo lo mismo, pero su actitud frente al trabajo hace la diferencia. Como la historia de aquellos dos picapedreros, a quiénes interroga un forastero respecto a su quehacer. El primero le dice, algo molesto: "No lo ve, aquí estoy, picando piedras" El otro responde: "Estoy construyendo catedrales" Estaban haciendo lo mismo, pero la diferencia era inconmensurable. Ojalá nosotros construyamos catedrales...
HACIA UNA CALIDAD DE VIDA INTEGRAL
Como se ve, el desafío es como la rosa de los vientos, avanza en todas las direcciones. La calidad de vida integral, quizás otra manera, más concreta y explícita, de decir felicidad, atraviesa el tener, el hacer y el ser.
Esto es cada vez más claro para el mundo laboral. Los trabajadores no son tornillos de una máquina, son personas, con todo lo que eso significa. No es una casualidad semántica, que hoy se hable de recursos humanos en las empresas.
La productividad, la optimización del proceso productivo es, por cierto, conceptos legítimos y preocupaciones prioritarias de quiénes velan por las empresas. Pero ello sólo se logrará con una alianza estratégica con los trabajadores, en la medida en que ambos apunten a generar y sostener en el tiempo una Calidad de Vida Integral.
Ahí es donde cobra relevancia el Proyecto de Vida, la jerarquización valórica, el sentido profundo del trabajo. Mi profesión, mi oficio es, por cierto, mi fuente de recursos, pero es, también, algo que le da sentido a mi vida, que me compromete conmigo mismo, con mi empresa y con la Sociedad.
En esa perspectiva, ya no es insólito ni novedoso aspirar siempre a mejorar la calidad de vida. Integralmente, en el tener, el hacer y, sobre todo, en el ser.
Fuente: asimetcapacitacion.cl







